Rojo Alpargatero hijo


Culto al Flamenco
José Gelardo Navarro
ISBN: 978-84-612-7204-4
PVP: 25 € disco-libro y 12 € disco


Título: Antonio Grau "Rojo Alpargatero" hijo. El último de una saga flamenca
Autor: José Gelardo Navarro
Dirección : José Gelardo Navarro
Productor ejecutivo : Marcos Escánez y F.J. Cortés
Ingeniero de sonido : Alfonso Almiñana
SGAE: LHL002
Dep.- Legal : AL 1175-2008
Editorial: La Hidra de Lerna Ediciones y Discos Probeticos


Se trata de un disco-libro sobre Antonio Grau Dauset, “Rojo Alpargatero” hijo que ha patrocinado Cajamar y en el que colaboran la Diputación almeriense y la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco.

Coeditado por La Hidra de Lerna y Discos Probeticos (sello discográfico de Enrique Morente), esta obra es el segundo volumen de la colección “Culto al Flamenco”, que los mencionados sellos iniciaron meses atrás con la obra prima del cantaor almeriense Juan Gómez.

El autor de los textos y director del proyecto, José Gelardo, uno de los investigadores de flamenco más notorios del panorama nacional, ha realizado un gran esfuerzo para recopilar todos los datos y todas las grabaciones que completan el trabajo.

Entre las curiosidades que ofrecerá el monográfico, se encuentra la sobresaliente guitarra de Pedro Sierra acompañando a Don Antonio Grau, en una composición de estudio en el que fue necesario quitarle previamente el acompañamiento para luego incluir la aportación del guitarrista catalán afincado en Sevilla.

Enrique Morente, Maestro de Maestros de la actualidad flamenca, no sólo avala este proyecto con su sello discográfico, sino que también incluye un prefacio, mientras que el prólogo es de José Luis Ortiz Nuevo, otro reputado historiador y productor de espectáculos.

Marcos Escánez, que entre otras cosas es productor ejecutivo del proyecto, asegura que el verdadero objetivo ha sido el de recuperar la memoria de un gran artista que ha pasado desapercibido para la flamencología tradicional, y al mismo tiempo, que desde Almería se abordara por primera vez un proyecto riguroso y multidisciplinar en torno al flamenco, sin abundar en personalismos ni en localismos gratuitos.



ANTONIO GRAU DAUSET, “Rojo Alpargatero” hijo (Málaga, 1884-Madrid, 1968)

Descendiente y miembro de una de las más importantes sagas flamencas, su padre fue el Rojo Alpargatero, figura sobresaliente en el inicio y conformación de los cantes mineros; su tía, Carmen Dauset brilló en el baile en Andalucía, Francia y Estados Unidos; su hermano José sobresalió como guitarrista, acompañando a Angelillo, Guerrita, Fanegas, Marchena y otros. En el quehacer flamenco de A. Grau –a través del Rojo Alpargatero- influyeron Silverio, el Ciego de la Playa, la Peñaranda, Chilares, Juan Breva, Antonio Chacón… Como cantaor-músico-artista es, sin duda alguna, el gran depositario de la herencia cantaora de su padre, El Rojo. Herencia procedente de los veneros populares de los cantes de Almería, de Cartagena y La Unión, de Málaga…

Si la vida del Rojo fue azarosa, movida y turbulenta, la de su hijo Antonio lo fue todavía más, pues en su flamenquísimo discurrir, además de cantaor, fue empleado de correos, transformista, empresario de espectáculos, profesor de francés, compositor. Estos trabajos le llevaron a recorrer buena parte del mundo.

Desde Málaga, donde nació, con cuatro o cinco años (1889) pasa a vivir con sus padres y hermanos a Cartagena, a La Unión, la ciudad minera depositaria de los cantes atarantados de Almería. Antes de salir de esta ciudad, camino de Madrid, tuvo amoríos con la también cantaora y cupletista Emilia Benito. Ya en Madrid (1905) frecuentó como cantaor algunos colmaos (Villa Rosa, Fornos, Café de la Marina). Hacia 1907 parte hacia París en donde graba una serie de discos para la casa Pathé, forma una trouppe artística, los Mignon, y como transformista actúa con Frégoli. De París pasa a Rusia, justo antes de la Revolución de 1917. Recorre este país actuando en Petrogrado, Moscú, Odessa… Expone su arte ante el mismísimo Rasputín en Petrogrado. Huyendo de la Revolución y disfrazado de gitano, cruza Siberia para, más tarde y después de pasar por China, la India…, instalarse de nuevo en Madrid.

Lo tenemos en Madrid hacia 1920. Por estos años se relaciona con escritores y periodistas: Emilio Carrere, Juan Pujol, García Sanchíz. En la década de 1920-1930 emprende la segunda tanda de grabaciones, ahora con Ramón Montoya. Hacia 1935 ejerce como profesor de francés en la Academia Santo Domingo de Guzmán (c/Carranza). Aunque en estos años no ejerce como profesional del flamenco, hemos de anotar su labor como compositor de música ligera, canción española y flamenco (zambras, vals, tango-slow, pasodobles…).

De paso por Cartagena, en 1952, conoce al cantaor Antonio Piñana. Este se pegó a Grau como una lapa para que no se perdiera el eslabón de los cantes mineros. De esta última relación proviene el legado que A. Piñana nos ha dejado en sus discos, con cantes ejemplares y conservacionistas por mor de las enseñanzas de Antonio Grau. Forma parte del Jurado del Festival del Cante de las Minas de La Unión (década de los 60). Como miembro del Jurado y como asesor contribuyó con tesón a la permanencia de los cantes mineros de la escuela del Rojo y de la suya propia.

Las aportaciones de Antonio Grau al mundo del flamenco son indiscutibles:

- En la configuración, tradición y mantenimiento de los palos del cante minero/cante de Levante.

- En el desarrollo de un repertorio extenso: malagueñas, verdiales, pregones, tientos, tangos, zambras, tarantas, cartageneras, mineras, granaínas, canción aflamencada, chuflas-bulerías, caracoles, fandangos, carceleras, cantes de Juan Breva…

- Por su originalidad en la música y en la composición. Amén de la guitarra, introduce orquestación con piano y otros instrumentos musicales: ¡moderno, adelantado y flamenco!

- Por su originalidad en las letras, pues, incluso en algunos cantes mineros, recupera letras que ya no se escuchan.