Curso de economía ecológica


Finanzas Éticas
Juan Martínez Alier
Edición no venal


Colaboradores: Jordi Roca y Jeannette Sánchez


El sistema financiero se concibe como un instrumento de estímulo de la economía productiva. No obstante, la economía financiera se ha regido en las últimas décadas por criterios netamente endógenos. Y esta situación nos ha llevado a una economía altamente fiduciarizada o financiarizada3 en la que la economía financiera ha crecido de forma desproporcionada sobre la economía productiva, sobreexplotando y expoliando los recursos ambientales y generando encrucijadas de difícil solución como el cambio climático, la pérdida de soberanía alimentaria de muchos países empobrecidos, etc.


La economía ambiental es una subdisciplina de la economía neoclásica que enmascara las verdaderas limitaciones ecológicas para la economía. Supone la aplicación del acervo metodológico de la economía convencional neoclásica al ámbito de los recursos ambientales, por lo que los efectos de la degradación son aún mayores. La creación de un mercado de emisiones de CO2, que no es sino la perversión de poner en circulación derechos de contaminación, es un ejemplo de medida que se basa en los principios de Coase. Coase, Pigou y Hotelling son las principales referencias en economía ambiental, y consideraban que la negociación es la clave de la asignación eficiente de los recursos ambientales. La economía ambiental plantea el reconocimiento de los efectos de la actividad humana sobre el medio natural. Un buen sistema de precios y de derechos de propiedad sería suficiente para gestionar los efectos negativos de carácter antrópico sobre la naturaleza. La economía ambiental ha generado toda una serie de recursos metodológicos para tratar económicamente la degradación ambiental, todos ellos procedentes de la economía neoclásica. La economía de los recursos ambientales, por su parte, también es un subproducto metodológico de la economía neoclásica aplicado al ámbito de los recursos ambientales escasos. De hecho tiene como cometido la determinación de la asignación de recursos naturales escasos.

La economía ecológica, por el contrario, incluso a pesar del parecido terminológico, se aleja por tanto de estas dos concepciones. Se trata de un enfoque holístico, consecuente y coherente que va más allá del mero economicismo. Pretende integrar la lógica de la racionalidad económica con la lógica de la racionalidad ecológica. La economía ecológica no es una rama de la economía, es un nuevo paradigma para afrontar los hechos económicos desde una visión holística e interdisciplinar. Estudia los flujos entre la sociedad y la naturaleza, intentando buscar un equilibrio que sirva para apuntalar el concepto de sostenibilidad y la supervivencia de la especie humana. En el fondo, la pretensión no es otra que unificar dos disciplinas, la economía y la ecología, que comparten una misma raíz etimológica.